Un Capítulo llamado Filipinas.
- Analu

- hace 1 día
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Había una vez un lugar muy, muy lejano, de esos que alguna vez escuchamos en clase de geografía, ubicado al otro lado del planeta. Tan distante de nuestro mundo conocido, que llegar hasta allí parecía el comienzo de una gran aventura; un lugar donde el idioma, los sabores y las costumbres eran diferentes a todo lo que, hasta entonces, habíamos llamado Hogar.
Filipinas era para nosotros una página en blanco. Sabíamos poco de ese país del Sudeste Asiático formado por miles de islas y que guardaba una mezcla fascinante de culturas; un lugar donde la vida, como en los mejores cuentos, nos abrió puertas hacia experiencias que jamás imaginamos vivir. Así comenzó una historia de seis años y medio, llena de aprendizajes, desafíos, retos, encuentros y personas que, poco a poco, hicieron que aquel lugar dejara de sentirse tan distante.
Y mientras descubríamos aquel “lejano reino”, empezamos a encontrar pequeñas señales que nos recordaban que, en el fondo, no éramos tan diferentes: el tagalo, un idioma desafiante escondía palabras con sonidos familiares: los nombres, los objetos de la cocina, números, días de la semana… y más allá del idioma, una fe compartida que nos hacía sentir una familiaridad inesperada; eran las huellas de una historia común, de unas raíces españolas que, siglos después, seguían siendo puentes entre dos culturas separadas por un océano.
Pero lo más valioso no fueron esas coincidencias, fue descubrir la inmensa calidez de su gente; la sonrisa espontánea de los filipinos, y esa forma tan especial de hacer sentir bienvenido a quien llega de lejos, así que, poco a poco dejamos de sentirnos extranjeros y comenzamos, sin darnos cuenta, a construir un hogar.
Filipinas nos regaló lugares que se quedaron guardados para siempre en nuestra memoria, cada uno con una historia diferente: Boracay, donde comenzó esta aventura como nuestro destino de luna de miel, que nos recibió con playas de arena blanca, aguas turquesas y esos veleros que al caer la tarde, parecían despedirse lentamente del sol; Siargao, que nos atrapó entre el surf, el yoga y un ambiente relajado; Corón, que aun sin haberlo explorado bajo el agua, nos sorprendió con paisajes impresionantes y aquel lago escondido entre montañas; Bohol, con sus singulares “Chocolate Hills” (Montañas de Chocolate) y sus diminutos tarsiers de enormes ojos; El Nido, especialmente Miniloc, que nos regaló paisajes tan perfectos que por momentos parecía que estábamos dentro de una película; Punta de Fuego, Puerto Galeras y otras tantas playas de arena blanca que tuvimos la fortuna de visitar… Aunque también estuvo Tagaytay, con sus vistas al volcán y al lago; Villa Escudero, donde los carabaos y la tradición rural cuentan historias; el Museo Ayala que guarda la historia filipina y el arte contemporáneo que se vive en el Museo Pintô; y no podía faltar, en pleno corazón de Manila, Intramuros, donde caminar por sus calles y cruzar la"Puerta de Santiago”, era como asomarse a la historia; Batangas, en“The Farm”, donde coincidí con quien sería mi mentora de cuencos tibetanos… Luego estuvo Baguio, con su clima fresco, sus montañas y por supuesto, sus enormes fresas. Cada uno de estos lugares forma parte de ese mapa invisible que nos llevamos en el corazón; un mapa hecho no solo de islas y ciudades, sino de experiencias, recuerdos y personas maravillosas que hoy ocupan un lugar muy especial en nuestro corazón. Amigos que se convirtieron en familia, que hicieron más manejable la distancia y las 13 horas de diferencia con nuestro país, que aparecieron justo cuando más los necesitábamos, con quienes disfrutar de unos "frijolitos" nos llenaba de emoción, y los partidos de fútbol (sin ser mi deporte favorito) conmovían el alma entera: Ellos fueron el verdadero tesoro de esta aventura.
Hoy llega el momento de cerrar este capítulo. Nos despedimos de Filipinas con el corazón lleno de gratitud. Nos vamos con maletas llenas de recuerdos y anécdotas, cargadas de abrazos, risas y aprendizajes!
Gracias a Dios por guiarnos hasta este rincón del mundo. Gracias a cada amigo filipino que nos abrió las puertas de su vida: a Johana y a Marc por ser nuestros angelitos en todo este viaje desde el día cero; a Brenda que se convirtió en nuestra mamá y nos cuidó con tanto cariño durante todos estos años; a Vic, Cai y a los chicos de la oficina que siempre estaban dispuestos a ayudarnos en todo momento; a Raymond, Karen y toda su familia, por ser nuestros cómplices en Bohol; a Tam, mi profesora de "sound healing", por enseñarme con tanta generosidad que también podemos sanar a través del sonido; a Jerome que con sus “binoculares” siempre me recibía o despedía con una sonrisa y a toda su familia con quienes compartimos lindos momentos; al Sr. González que tuvo mucha paciencia en mis clases de Tagalo, a Mr. “Rain” que nunca fallaba en su pronóstico del clima…
A los amigos japoneses, que hicieron parte de nuestro paso por Manila: A Takahashi-san, que durante todos estos años se convirtió en el gran cómplice de mis antojos japoneses: mis sellos, campanas y papeles de origami, además de todas las recomendaciones de restaurantes japoneses, que hacían de nuestros sábados aventuras gastronómicas increíbles; a Okamoto-san, que no solo fue compañero de carreras y entrenamientos, sino también nuestro amigo y guía cada vez que Japón aparecía en nuestro camino; a Akira-san, Aya y sus pequeñas Sawa y Suzu por ser los mejores vecinos, a Kawasaki-san por abrirnos las puertas al mejor restaurante japonés de la ciudad (aunque no fuéramos japoneses) pero sobretodo, por su amistad y a Matsunaga-san y Utami-san, que fueron mucho más que amigos: fueron nuestra familia lejos de casa… A todos los vamos a extrañar muchísimo y esperamos que nuestros caminos vuelvan a cruzarse, en Japón, en Colombia o en cualquier rincón del mundo, donde la vida decida encontrarnos nuevamente.
A nuestros amigos que siempre llevaremos en el alma: Ate Majo, Dani, Laura, Nando, Karla y Fabio quienes estuvieron al principio de este viaje; Cris y Frank, por esas copas de vino que terminaban convirtiéndose en largas conversaciones llenas de anécdotas y consejos invaluables; Lizzie y Jaime, por su enorme generosidad, por recibirnos a nuestra llegada con los brazos abiertos y por regalarnos una calurosa despedida que guardaremos siempre en el corazón; a “Plaza Sésamo” por viajar y compartir deliciosos restaurantes con nosotros; a Marie y a Rodri, por esos almuerzos que siempre terminaban convirtiéndose en largas y profundas conversaciones, al Gatico y a Caro que siempre nos apoyaron y sacaron una sonrisa cuando más lo necesitábamos; a Yoli, Mochi y sus cuatro hijas con quienes compartimos historias y aventuras; a Yuyeimy, Juan y Mia cuyas risas y fotografías quedarán por siempre en nuestra memoria. Gracias a Jaideep y a Roma por abrirnos su corazón y compartir con nosotros, cada año la celebración del cumpleaños de Ganesha; a Michi y Van, por una amistad sincera, que la vida siempre les regale motivos para seguir brillando; a Isa y Jaime, por ser de esas amistades que nacen alrededor de una buena mesa, entre conversaciones profundas y risas del alma; a David y Yanna por tantos cumpleaños compartidos con los chicos y por elegirnos como los padrinos de Jacob; a Juan, Jay y Ame, al igual que Isa y Andrew con quienes coincidimos al final de esta aventura, pero que nos dejaron gratos recuerdos; a Juan Pablo, al Vecino, Lucho, Rodrigo y Esperanza con quienes compartimos poco tiempo pero su amistad fue parte esencial de nuestro cierre en Filipinas; y a todos los integrantes del “Sobre de Manila” con quienes compartimos historias que quedarán grabadas en la memoria…
Dicen que hogar es un lugar; nosotros aprendimos que también puede ser un abrazo, una amistad, una mesa compartida o un país que un día te recibe como extranjero y termina despidiéndote como si siempre hubieras pertenecido allí.
Gracias Filipinas, por recibirnos con los brazos abiertos y por regalarnos seis años y medio que llevaremos para siempre en el corazón.
SALAMAT, PILIPINAS... KITA TAYO ULIT !! (Gracias Filipinas…Hasta pronto!!)
… Y mientras dejamos atrás estas islas, otro capítulo comienza a escribirse al otro lado del mar... Shanghai, ahora empezamos una nueva historia contigo!




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