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"Boston Strong" 2026, más que una Maratón.

Foto del escritor: Analu
Analu
13 may
6 min de lectura

Hay viajes que se planean… y otros que se sienten inevitables. Completar las Grandes Maratones del Mundo se ha convertido en ese camino que se construye paso a paso, ciudad a ciudad; y esta vez, nos trae a una parada que no necesita mucha presentación, Boston: la cuarta “Major” en este recorrido, un destino donde cada paso tiene historia y cada kilómetro exige respeto.


Dentro de las World Marathon Majors (las Grandes Maratones del Mundo), cada maratón nos ha dejado una marca distinta: Londres, una mezcla de tradición y celebración; Tokio, se mueve con una precisión casi ceremonial; Sídney, irrumpe con una energía costera que se vive durante el recorrido … pero Boston se siente diferente, la ciudad entera se viste de fiesta y eso se nota desde la llegada al aeropuerto, la Expo, y los lugares emblemáticos que nos cuidamos de visitar antes del "gran día"… Aquí, no sólo llegas a una línea de salida, aquí te ganas tu lugar, y cada dorsal cuenta una historia de disciplina, esfuerzo y determinación.


La edición 130 de la Maratón de Boston no es simplemente otra carrera en el calendario; es un símbolo vivo de lo que significa resistir, avanzar y en ese espíritu aparece una frase que lo envuelve todo: “Boston Strong” (“Boston fuerte”); no sólo como un eslogan, sino como una identidad nacida de la adversidad y convertida en fuerza colectiva. Después del atentado en la Maratón de 2013, la ciudad no se definió por lo que ocurrió, sino por cómo decidió responder; una energía que aún se respira en cada esquina, una resiliencia hecha ciudad y una memoria convertida en valentía. Correr aquí es entrar en esa narrativa, es sentir que cada kilómetro tiene historia, que cada aplauso tiene significado y que cruzar la meta en Boston no es sólo terminar una carrera, sino formar parte de una tradición que eligió la fortaleza como respuesta.


El cupo no llegó por azar; se ganó con el tiempo que el Maratonista marcó en la Maratón de Tokio; y desde ahí, casi sin pausa, entendió que lo que venía no era cualquier carrera sino una meta que se corre con tiempo de clasificación y se honra con preparación.


Y, el viaje… desde el vuelo se percibe algo especial; te subes a un avión donde la mayoría, aunque no los conozcas, sabes que comparten el mismo destino, como decían las azafatas: “es la primera vez que todos piden agua sin parar”; y al llegar, en el aeropuerto, entre maletas y pasos apurados, aparecen miles de corredores, silenciosos y concentrados que, sin necesidad de preguntar, sabes que también están llegando a esta misma cita.


Ahora sí, es un hecho: aterrizamos en otro país, otro clima bastante diferente al calor acostumbrado de Manila, pero con las ganas de correr la maratón más emblemática, aunque sabes de antemano, que no es la que te dará un mejor tiempo personal por la complejidad del terreno, pero sí la satisfacción de haberte gozado cada kilómetro recorrido!


Nos alojamos en el “Moxy Boston Downtown”, en pleno centro de la ciudad: un lugar moderno, sencillo y con mucha vida, perfecto para esos días en los que todo gira alrededor de la carrera. Allí esperamos al resto del Equipo de Apoyo, que esta vez llegaba desde Colombia y desde Canadá. Pero mientras era la hora del encuentro, fuimos a la Expo, ese primer ritual donde se recoge el número del dorsal, el kit de la carrera, y donde empieza a sentirse la emoción de la maratón. Fue entonces, casi sin darnos cuenta, que llegó el momento del encuentro: entre risas, abrazos y la alegría de volver a coincidir, esta vez con un objetivo claro: apoyar a nuestro maratonista en esta nueva aventura.


Y como acostumbramos en este tipo de narraciones, vamos a contar las dos versiones de la misma historia: desde mi mirada como Narradora, parte del Equipo de Apoyo Emocional, y desde la del Maratonista, protagonista de la historia…



El Gran Día:


Una particularidad de la Maratón de Boston es que no se corre un domingo como la mayoría de las maratones, sino el lunes de “Patriots’ Day”, una fecha histórica en Massachusetts que conmemora el inicio de la independencia estadounidense y que convierte la carrera en una verdadera celebración cívica. Así que, ese lunes, el Maratonista, salió con su dorsal número 31418, rumbo a los buses que estaban dispuestos para llevarlos al punto de partida y aunque le tocó una “ola” (posición en la línea de salida) bastante atrás, no le restó emoción al momento, al contrario, parecía darle más tiempo para asimilar lo que estaba a punto de vivir.



La Carrera:


El Maratonista:

Ese lunes, amaneció frío, pero con un pronóstico mucho mejor que los 0 grados que veníamos sintiendo en los días previos, así que siguiendo todas las recomendaciones, mantuve puesta, hasta el último instante, la ropa que llevaba para donar; para conservar el calor hasta el momento de la salida.


Al comienzo no fue fácil: había muchísima gente y avanzar era difícil. Además, llevaba muy presente el consejo de respetar el terreno; sabía que las subidas podían pasar factura más adelante. Por eso, cuando llegué a la temida “Heartbreak Hill”, la última y más famosa de las “Newton Hills”, que aparece cerca del kilómetro 32, y que no es la más empinada, pero sí la más dura emocional y mentalmente, ya con el cansancio acumulado, entendí por qué todos hablan de ella… y al superarla, sentí que había logrado una gran hazaña dentro de la carrera. Había muchos puntos de hidratación, bien organizados, pero aun así era inevitable ver escenas duras: corredores con calambres, otros deteniéndose, algunos teniendo que abandonar… y eso me recordó, lo exigente que realmente es Boston….



La Llegada:


Equipo de Apoyo Emocional:

Muy temprano salimos junto al resto de acompañantes y familiares hacia un punto muy cerca de la llegada. Había que estar con tiempo, encontrar un espacio y hacerlo nuestro: nos hicimos presentes con banderas, con campanas sonando sin parar, animando a todos los corredores que iban pasando y poco a poco, fuimos creando ese rincón que, más que un punto en el recorrido, se convirtió en un abrazo visible y sonoro para quienes pasaban compitiendo. Y de pronto, en la aplicación, vimos que nuestro corredor estaba cerca, a punto de girar en la esquina… y todo se detuvo por un segundo. La emoción nos atravesó a todos al verlo acercarse. En su cara se notaba el cansancio, sí, pero aún más fuerte era la emoción de verlo a punto de llegar y cumplir su meta.


El Maratonista:

Tras varios kilómetros de cuentas mentales y matemáticas con respecto a mi velocidad, ritmo y distancia, ví que ya estaba en la recta final... El cansancio pesaba, pero eran más fuertes las ganas de terminarla, de encontrar a mi familia, a mi Equipo de Apoyo. Empecé a buscarlos entre la multitud… y cuando los vi, la emoción fue inmensa; fue esa última descarga que necesitaba para cerrar el tramo final. Crucé la meta con un tiempo de 3:26:18, con la satisfacción profunda de haber terminado, de haber cumplido.



Un final que se queda en el Alma:


Y como en toda buena historia, al final sólo quedan las emociones, la gratitud y los recuerdos. Allí entendimos porque “Boston Strong” no es sólo un eslogan, sino la expresión de la resiliencia de una ciudad que aprendió a levantarse, a unirse y a seguir adelante con más fuerza que nunca. Entendimos que no se trata únicamente de cruzar una meta, sino de todo lo que te transforma en el camino: la comunidad, los aplausos que sostienen y la fuerza que aparece cuando creías no tener más. Por eso, más que una maratón, Boston es un recordatorio vivo de lo que significa no rendirse!


Y al final, como en los créditos de toda película, sólo nos resta decir GRACIAS:

Gracias al Universo, por regalarnos una carrera más; a Boston por permitirnos disfrutar de la más emblemática de las maratones; a la ciudad por su energía vibrante durante cada instante de este fin de semana; a todo el Equipo de Apoyo Emocional que, con paciencia y entusiasmo, aguantó casi seis horas de pie para no perder la mejor ubicación, siempre con la mejor actitud; a Gladys, por viajar desde Colombia y ser parte fundamental del Equipo; a Fabián, que como camarógrafo oficial, se encargó de capturar cada momento de la acción; a Dolly, que ayudó a animar con campanas y gritos a cada corredor, e incluso regaló su bandera de Colombia a quien la sintió suya desde el alma; y a Felipe, quien con la emoción de cada kilómetro recorrido preguntaba ansiosamente cuando lo veríamos pasar… Gracias a todos por su presencia, por viajar desde Colombia y desde Canadá y por su apoyo incondicional que fue más importante de lo que cada uno de ustedes logró imaginar. Gracias a todos por tanto!


Felicitaciones, Amor… lograste la meta que te propusiste, por lo que trabajaste durante tanto tiempo. Un gran reto, muy, pero muy bien logrado. TE AMO.


THANK YOU BOSTON, YOU ARE STRONG!! (Gracias Boston, eres fuerte!!)






 
 
 

22 comentarios


Isabel
23 may

Anita y Gustavo! 👏

Muchas gracias por compartir la experiencia!!! Sois un ejemplo de constancia y compañerismo.


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Kaz
21 may

¡Una vez más, fue un viaje increíble! El Maratón de Boston es el maratón más especial para cualquier corredor, y haber podido participar es algo realmente maravilloso. ¡Felicitaciones, Gustavo y Anita!

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Lorena Rodríguez Suárez
19 may

Anita que capacidad de transmitir con tanta pasión, cada post es emocionante siento como si estuviera en la maratón.

Kike cada logro es una meta más cumplida, la vida está llena de peldaños que llegan al corazón.

Felicitaciones 💋❤️

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Gustavo Palacio papá
18 may

Me siento muy orgulloso de Kike por su participación y Anita por su narrativa

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Invitado
18 may

Anita que excelente narrativa me gusto mucho gracias

Editado
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