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Shanghái: El comienzo de una nueva historia.

Foto del escritor: Analu
Analu
hace 1 día
5 min de lectura

Después de despedirnos de Filipinas con gratitud, cerramos un capítulo lleno de recuerdos, personas y momentos que ya son parte de nuestra historia, para continuar ahora, esta vez desde Shanghái; a donde habíamos venido como turistas, pero ahora es diferente, llegamos para vivirla y descubrirla con el corazón abierto a todo lo que esta nueva etapa tenga para enseñarnos; porque el proceso de expatriarse te lleva al límite y pone a prueba tu capacidad de adaptarte, asombrarte y de aprender pero también de desaprender, soltar certezas, abrir espacio a lo nuevo y aceptar que la vida puede enseñarte de maneras que nunca imaginaste; y así llegamos a China con curiosidad, con ilusión y también con miedos, pero sobre todo con el corazón abierto a un nuevo mundo por descubrir, con un par de maletas, algo de ropa básica que podía empacarse, pues el resto de nuestras cosas quedaron atrás, guardadas en ese trasteo que algún día llegará (el que pensábamos que serían quince días y ya vamos para un mes y medio), así que hemos tenido que aprender a vivir con poco: a no comprar demasiado porque sabemos que, tarde o temprano, nuestras cosas llegarán; a descubrir que no necesitamos tanto como creíamos; a hacer de lo sencillo suficiente y a encontrar comodidad, incluso cuando no todo resulta tan cómodo. Quizás también de eso se trata este viaje, de aprender a vivir más ligero aunque sea por un tiempo, y a entender que un hogar no empieza cuando llegan todas tus cosas, sino cuando empiezas a sentirte como en casa.


China, un país inmenso con una historia que se siente en el aire; desde la Gran Muralla, los

Guerreros de Terracota, la Ciudad Prohibida, que fue el corazón del poder imperial durante siglos, hasta las antiguas rutas de la seda, caminos que durante siglos conectaron oriente y occidente y por donde viajaron no solo mercancías, sino también ideas, religiones y conocimientos; en medio de toda esa historia, llegamos a Shanghái, una de sus ciudades más grandes y vibrantes, dividida por el río Huangpu y ubicada en la costa oriental del país, justo donde el río Yangtsé se encuentra con el mar; es moderna, llena de parques, cafés, restaurantes, librerías y rincones por explorar, con enormes rascacielos y callejones tranquilos; donde el silencio de una ciudad agitada, porque la mayoría de vehículos son eléctricos, te permite escuchar las chicharras al atardecer; donde no importa la cantidad de gente que transita por las calles, es limpia porque siempre encuentras “escobitas” haciendo perfectamente su trabajo; donde el aparente caos de las motos funciona a su manera, permitiendo que los domicilios y las mamás con niños de colegio, siempre lleguen a tiempo...


Aquí, todo es nuevo: la cultura, las costumbres, el idioma, la forma de comunicarnos; casi nadie habla inglés, así que debemos usar el traductor del celular hasta para cosas sencillas, mientras asimilamos poco a poco algunas palabras en mandarín; estamos aprendiendo a vivir en un lugar donde muchas de las herramientas y aplicaciones del celular a las que estábamos acostumbrados simplemente no funcionan; donde hemos aprendido a hacer casi todo desde el teléfono, donde las máquinas dispensadoras son tan cotidianas como las tiendas de barrio y el uso de billetes ya no funciona ni para el transporte público; una ciudad donde ir de compras ya no es como lo conocíamos y hasta hacer mercado, ya es por una aplicación, aunque si prefieres aventurarte a hacerlo, logras encontrar en el mismo supermercado lleno de personas, unos carriles en el techo llevando bolsas, como ríos ordenados de pedidos que van y vienen; y no es que compremos diferente, es que conviven dos modos de vida en el mismo lugar: el que pasea con la canasta y muy cerca, el sistema perfecto de domicilios que parece no detenerse nunca.


Nos sorprenden las “cosas cotidianas”, como encontrar personas cortándole el cabello a la gente en la calle como servicio comunitario, o el famoso “mercado matrimonial” en People’s Square, donde padres y abuelos llevan las hojas de vida de sus hijos y nietos para ayudarles a encontrar pareja; o ver a personas mayores practicando Tai Chi, bailando al ritmo de sus pequeños radios en los parques, o incluso, especialmente en las mañanas, volando cometas o moviendo cintas de colores que parecen formar dragones en el aire cerca del Bund; es bonito ver cómo el espacio público se vuelve un punto de encuentro y cómo esas escenas cotidianas nos resultan tan curiosas y hermosas.


Y nuestro nuevo hogar: la Concesión Francesa, uno de los barrios con más encanto de la ciudad, nacido en el territorio que alguna vez fue la antigua concesión francesa, conserva hasta hoy su arquitectura europea, calles arboladas, edificios de otra época y ese aire europeo tan particular; caminar por aquí, es descubrir cafecitos acogedores, pequeños restaurantes, terrazas y rincones que invitan a explorarse.


Aquí, hemos conocido personas muy queridas; Dù laoshī o Verónica (por su nombre en español) nuestra profesora de mandarín que con su paciencia mantiene la fe intacta en nosotros, o esos señores del cafecito de la esquina que se volvieron, sin querer, nuestros segundos profesores de chino y nos repiten con cada pedido las frases para que lo aprendamos a decir “naturalmente”... Los porteros que se alegran con cada saludo nuestro, aunque nuestra pronunciación esté lejos de ser perfecta, o los vendedores que muchas veces nos hablan en chino, como si lleváramos años acá y nosotros contestamos con lo que podemos: con traductores, señas y sonrisas; la sensación de seguridad, porque puedes dejar algo en un Didi y si llamas al conductor, seguramente te lo devuelve; o puedes dejar tus cosas sobre una mesa, ir al baño y volver, y ahí siguen. Cosas pequeñas de la vida diaria que hablan de otra cultura; y ahí entendemos que no se trata de que ellos cambien por nosotros, somos nosotros quienes nos adaptamos; sus costumbres ya estaban aquí mucho antes que nosotros y parte de este viaje es aprender a ver, comprender y adaptarnos, sin pretender que todo sea como lo que ya conocemos.


Y en medio de todo este aterrizaje, también nos hemos encontrado con unos angelitos que han aparecido para hacernos la vida un poquito más fácil y ayudarnos a entender la cotidianidad; personas que nos han ayudado con todo, hasta a hacer mercado, que están siempre a un clic en un chat, dispuestas a entender, resolver y ubicarnos: a Tony y Carmen, que nos dieron esas primeras recomendaciones, consejos y pequeñas claves para empezar a descubrir lo que significa vivir aquí; Marce y Juan, que nos recibieron con tanto cariño y nos hicieron sentir bienvenidos desde el primer momento; Melissa y Santiago, siempre pendientes y nos abrieron las puertas de su mundo, invitándonos al cumpleaños de Lu, donde tuvimos la fortuna de conocer a gente maravillosa; a Naty y Andrés, que con sus agendas llenas, siempre encuentran un espacio para ayudarnos; y los chicos de la oficina, especialmente Sophie y Michael, que se han vuelto unos ángeles para nosotros, ayudándonos con trámites, papeleos, cuentas bancarias, números de celular y hasta nos invitaron a descubrir uno de los mejores "noodles de arroz" que hemos probado. Quizás esa sea otra de las cosas que estamos aprendiendo en este viaje: que no tenemos que tener todo resuelto, que podemos caminar despacio, confiar y dejar que las cosas vayan encontrando su lugar. Sentimos que, de la mano de Dios, juntos y con calma, todo se irá organizando, paso a paso, como tiene que ser.


Después de este mes y medio; mientras la adaptación sigue en proceso; a la espera de las cajas de la mudanza que no llegan; el mandarín que todavía no hablamos y mucho menos escribimos y, aunque no tengamos nuestra bandera oficial del equipo de apoyo, se llegó la hora de correr una nueva maratón, esta vez en Berlín... así que vamos con toda...


XIÈXIÈ Shanghai (Gracias Shanghái) por acogernos como nuestro nuevo hogar!







 
 
 

7 comentarios


Maria C.
hace una hora

Me encantó leer lo que escribiste. Me llena de orgullo ver con qué madurez, alegría y entusiasmo estás viviendo esta nueva experiencia en China

Qué bonito verte adaptarte, aprender y disfrutar de esta etapa tan especial. Te deseo que sigas creciendo, descubriendo y creando recuerdos maravillosos.

¡Te quiero mucho 💕

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Invitado
hace 2 horas

Me encantó leer lo que escribiste. Me llena de orgullo ver con qué madurez, alegría y entusiasmo están viviendo esta nueva experiencia en China. Qué bonito ver cómo se adaptan aprenden y disfrutar de esta etapa tan especial

Los quiero mucho 💕

Editado
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Karla Morillo
hace 3 horas

¡Feliz comienzo! Me encanta leerte, tu optimismo, cómo recepcionas todo, especialmente los grandes cambios que son de cultura, idioma, comodidad, etc., y tus fotos!! gracias por llevarnos a los lectores a viajar a través de tus historias. Estoy segura de que les irá muy bien y seguirán rodeándose de personas que les apoyen y ayuden a la adaptación. ¡Abrazos y bendiciones!!

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Juan C
hace 5 horas

Qué maravilla, muchas gracias por compartir, los quiero mucho. Me alegra tanto su actitud y sabiduría para enfrentar los nuevos retos, me siento muy orgulloso. La historia, ni qué decir, una de las mejores que te he leído, un abrazo.😍

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Soporte
hace 7 horas

Que gran aventura están viviendo, me encanta el equipo que son y la manera como afrontan esos retos, con valentía y entusiasmo. Éxitos en todo este proceso, en esta nueva vida.


Lamentamos profundamente no haber sido convocados para Berlín, sin embargo, quedamos a la espera de su siguiente requerimiento.


Su equipo de soporte del equipo de soporte emocional favorito.

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